lunes, 24 de enero de 2011

LISBOA


Lisboa con olor a fado, a castañas asadas, y a mar. Paseas por la avenida principal y de repente lo tienes allí, un mar inmenso lleno de luz que abraza a esta ciudad llena de encanto y plasticidad.
Me encantan estas casas desconchadas y llenas de grietas que aún quedan en una ciudad en plena transformación a la modernidad. Los azulejos decoran fachadas y suelos en un sinfín de posibilidades y es precioso verlos por todas partes como de si de un pathword se tratara.
Lisboa te hace recordar a la ciudad amiga que estando tan cerca nos queda tan lejos. Hay que ir una vez y volver siempre, subir con energía sus calles cuesta arriba y coger aíre en el Chiado, en una tasquita familiar escuchando su hablar dulce y meloso.
Hay que volver a Lisboa siempre y valorar su multicultural mundo, su colorido de razas, su encanto infinito.

foto:Yolanda Blanco

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