Yo quiero un árbol de mimosas en mi vida, uno de esos que en pleno invierno lucen cómo miles de soles encendidos día y noche. Me encanta verlos, con sus dulces flores amarillas, creando círculos, estrellas de invierno.
Los campos de Extremadura se visten en estas fechas de un verde radiante y un amarillo chillón, el de las mimosas, y en pleno febrero la primavera parece llamar a la puerta advirtiéndonos de que dentro de poco vendrá a visitarnos.
Ven!
foto: Yolanda Blanco
lunes, 7 de marzo de 2011
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